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Reseña del poeta Rafael Luna García sobre LA SONATA DEL LIRIO en la revista La Garbía

  • Fecha:10-07-2017
  • Fuente: Revista La Garbía

  

La sonata del lirio, de Alessandro Spoladore


En La sonata del lirio, su segundo libro, podemos encontrar la curva evolutiva que con lucidez y fidelidad traza Alessandro Spoladore en el peregrinaje interior que concierne a la propia experiencia; enfoque permeable de saberes universales que nuestro poeta hace suyos y los transforma en una mirada íntima enlazada en la huella de un itinerario que convierte las reminiscencias de su alma en gritos que desnudan la memoria; una poética que mezcla la actitud ante los acontecimientos vivenciales y la necesidad del triunfo de la Verdad como meta: la impronta que marca y guía desde el origen a nuestro escritor.

En la creación poética de Alessandro, escritor italiano afincado en Málaga, los símbolos son el espejo donde buscar la VERDAD. En sus versos nada es semánticamente lo que parece, sino que todo es como poéticamente renace. La palabra se hace llave para acercarse a una realidad metafísica, la cual se hace puente a su búsqueda interior con una sinceridad que camina descalza y que se desmorona hacia adentro mostrándonos con una profunda belleza lírica lo que para nuestro autor es verdaderamente esencial.

Alessandro no es un poeta visual o retórico; su poesía se sumerge en la marea de la filosofía, horada en el intelecto, busca en lo profundo, se asoma al otro lado de la realidad, se sitúa y nos sitúa en la ingravidez que cimbrea lo inmaterial contra lo material en su búsqueda constante de la Verdad.

En el prefacio de este libro, La sonata del lirio, se nos afirma que la Música es la madre de todas las artes, que de la Música nació la palabra y que Ella era Poesía. Y, por ello, nuestro autor despliega su creación lírica de la mano de la obra El vagabundo y la vida, del compositor madrileño Josué Bonnin de Góngo

ra: uniendo las artes de la música y la palabra con una mesura expresiva de gran empuje y fuerza narrativa; trazando una conjunción que trasciende la estética entroncando en un excelso desdoblamiento de la belleza; música y poesía que se aúnan y reivindican conjuntamente con rasgos y características muy nuevos y sobrecogedores. En definitiva, una gestación que nos lleva a una nueva mirada, a un nuevo espacio creativo más amplio y elevado.

El prefacio al que nos hemos referido acaba con una palabra: «iluminación», un término que trasciende a su significado léxico para transmutar en el origen y fin del acto creador de nuestro escritor; de ese acto que se convierte en la razón de ser de su búsqueda personal.

En esa búsqueda, nuestro autor se introduce con unas sandalias que se elevan entre los versos buscando un camino de luz, una claridad que se contrapone al abismo; un sentido único, unívoco y verdadero que flota tendido en el instante y que señala lo más íntimo de sus convicciones.

La sonata del lirio comienza con el poema que lleva por título Niebla de luz: versos enlazados con sumo cuidado y celo que nos transmiten la personalidad poética de Alessandro en su concatenación de bellas imágenes líricas; por señalar algunas, a modo de ejemplo, diremos:

«Niebla de luz/ vuelan los violines,/ el rostro del sabio/ es la sonrisa del maestro» o «Sol es la llave/ de la puerta del intelecto».

Continúa con el poema Diálogo y vagabundo, en el cual convendría destacar la intensidad y elegancia de los siguientes versos:

«Olvide el color del otoño/ en mi dolor»

Una constante que debemos poner de relieve en la obra de nuestro autor, tanto en este libro como en su primera obra El susurro del ave fénix, es la contención verbal, la sobriedad expresiva y la depuración del lenguaje, herramientas que cargan la poesía de Alessandro de una original emoción, una delicada m

usicalidad y una singular belleza.

De la misma manera, otra constante que está presente de una forma unidireccional en la obra de Alessandro es el uso de la figura retórica del oxímoron; figura que el Diccionario de la Real Academia España define como una «combinación en una misma estructura sintáctica de dos palabras o expresiones de significado opuesto, que originan un nuevo sentido»; tal y como lo apuntaba, de forma muy acertada, la poeta Raquel Lanseros refiriéndose a la obra lírica de nuestro autor, en el prólogo del anterior libro de Alessandro, El susurro del ave fénix: «Este aparente oxímoron esconde una verdad refulgente. Como casi todas las verdades, es compleja, paradójica y, por obvia, invisible. Alessandro Spoladore sí la ve, y nos la muestra convirtiéndola en palabras de una inusual belleza que murmuran en nuestro oído lo inmutable, lo eterno». Podemos señalar cómo usa esta figura, por ejemplo, en el poema El vagabundo y la vida, donde escribe: “El cielo pintó el infierno” o en los versos del poema Verbo mudo, donde nos dice:

«Muda oración/ de un sentimiento infernal» o «Me has prometido un paraíso/ como el abismo,/ deslumbrante oscuridad» o, igualmente, en los versos «Un relámpago oscuro/ me sumergió en un mar de luz».

En esta obra hay una serie de términos que son como hitos que engarzan el sentido, dirección y búsqueda del autor y que conforman la columna sobre la que se sustenta el pensamiento y la obra poética de Alessandro; son como un vocabulario usado para dar vida a una especie de ritual simbólico-lírico. Podemos señalar, entre otros, los términos «Luz», «Amor», «cielo», «Espíritu», «Universo», «Sol», «astros» y «Verbo».

La creación poética de nuestro autor talla una nebulosa de luz en el horizonte interior; una fragua donde el sentido humano se interroga en las manos de un Ser superior y divino; un cauce que tiembla en un abrazo a lo intangible que percute en el sentido humano de la existencia y de lo eterno.

El movimiento artístico de este poemario hace que lo inmaterial, lo metafísico, sea el fundamento de la obra lírica de Alessandro. De ahí que la belleza contenida en toda la obra arrastre al lector, permitiéndole que se introduzca en ese reino interior transparente de nuestro escritor, encaminándolo a ese estado de claridad que cobija nuestro autor en lo más profundo de su ser.

En su poética también podemos encontrar versos desgarradores. Así, en su poema Persona, encontramos unos versos donde se palpa su voluntad de discernir e insertar la comprensión de la realidad en su forma particular de ahormar

la a la compleja aprehensión de su camino vital:

«Has dejado de amar/ antes de haber nacido».

En la poesía de Alessandro Spoladore se dan cita varios vectores que convierten esta obra en una poderosa caja de enigmas. Toda esa cromática de alegorías, simbología y planetas que gravitan alrededor de la realidad que respira nuestro autor se vierten en este libro inundando cada verso de autoindagación e imprimiendo coherencia y unidad al cuerpo de esta obra.

En ese devenir hay un proceso de búsqueda en marcha: el camino se hace aceptación y deviene en palabra impresa, la cual denota una armonía que se columpia entre la búsqueda y la luz. El efecto se percibe en ese deseo que se cose al reverso de cada poema de apostar decididamente por la luz, por la necesidad vital de no dejarse caer al vacío, de respetarse a uno mismo y de transformación del mal en bien como en los versos del poema que lleva por título Poeta juglar dedicado A Fabrizio de André, los cuales dicen así:

« [...] intuí un dolor/ y lo transforme en amor».

En muchos momentos de la producción estética de nuestro autor, un Gran Arquitecto (Dios) se convierte en el eje vertebrador de su cosmovisión. De ahí que en esta obra se den la mano unos versos que trascienden la realidad y en la que nuestro autor hace de la palabra la horma de su mundo propio y personal, la horma a través de la cual reafirma la necesidad en la búsqueda exterior de lo que sabe lleva, desde siempre, en su interior.

Con nuestro autor, la luz s

e convierte en paradigma y canon de vida, siempre con el anhelo y la certeza de que hay una verdad dentro de él que será el fulgor que lo guíe a esa esperanza que silba en cada grito vertical que refleja su obra creadora.

Estamos, pues, ante una poesía que seduce al lector por su fuerza conmovedora, por la in

tensidad que fluye con vigor entre sus versos, por la verdad que se arremolina en la mesura verbal de su acto creador; una poesía, en definitiva, que nos sumerge en el alma de nuestro autor sin resistencia y donde su voz poética da tersura al horizonte del espíritu y siembra de luz la honda oscuridad de este mundo del siglo XXI en el que nos vemos abocados a vivir.

Rafael Luna García

Escritor y Licenciado en Ciencias Religiosas