HACIA UNA PRIMAVERA
(Sobre "Sendas de invierno", de Fulgencio Martínez)
Por Francisco Javier Díez de Revenga
Fulgencio Martínez (Murcia, 1960) continúa en su último libro de poemas Sendas de invierno, publicado en Oviedo por Ars Poetica en su colección Non omnis moriar, su trayectoria de poeta original y complejo, puesta tantas veces en el tablero de la verdad poética, representada por su propio autor o por los heterónimos que en ocasiones le han acompañado, enriqueciendo siempre su singular trayectoria poética. Se introduce ahora nuestro autor con pasión en un encuentro con la palabra y con el poema, y muestra, en su proceso creador, su propio taller, sus indagaciones filológicas y filosóficas, que ambas formaciones garantizan la autenticidad y severidad de sus reflexiones. Y es que en este libro los retos que en él confluyen son muchos y muy poderosos. En sus intercambios como escritor, tan inéditos, con la gran Dionisia García, Fulgencio ha admitido las enmiendas y correcciones de su maestra y guía, y modificado expresiones en busca de una mayor nitidez. Porque lo cierto es que las exigencias y recomendaciones de la correctora eran de muy alto valor porque afectaban a las esencias y a los asuntos que conforman el libro: la vida, la muerte, el destino, el espacio y los accidentes de la existencia, que van dando forma y sentido a ese ámbito general del libro hasta construir un mundo poético coherente. En él descubrirá el lector unos itinerarios, unos caminos, exactamente esas sendas de invierno, que aparecen en el título del libro.
Porque sobre todo Sendas de invierno es un libro de vida, de una vida concreta, la del poeta, autobiográfico por tanto y más que nunca, y de un espacio sobrecogedor y apasionante: el Moncayo, con su cielo, con sus vientos, con su luz y con sus pasiones y herencias literarias sobre el tiempo y más allá de tiempo. Vida y tierra, existencia y mundo, que se siente poema a poema, con la presencia venerada de esos manes, dioses familiares, que conviven intelectualmente con el poeta: Unamuno, Quevedo, Cervantes en la Numancia de la Hispania fecunda, Calderón, Enrique Granados y el mar profundo y esa primavera encendida, agreste y ventosa, herida de luz, destino creado, a donde conducen irremediablemente estas Sendas de invierno.
Cuando Fulgencio Martínez crea un libro de poesía comparte con su lector un universo de complicidad y confidencialidad que le compromete y lo envuelve en el proceso creador de la obra. Así lo ha hecho en anteriores ocasiones y así lo hace del mismo modo en estas Sendas de invierno,a través de distintos textos en prosa que revelan intimidades y contextualizan poemas. Sitúa en ellos experiencias y se esfuerza por crear una connivencia con el lector que lo conduce por los caminos trazados por esas sendas de invierno hacia una primavera profunda. En ocasiones, muchas, es incluso una nota a pie de página la que llega a convertir un poema, sin duda antológico, en pura autobiografía comprometedora. Es lo que sucede con unas Lágrimas de lluvia, escritas en un tren que evoca topónimos y revela paisajes cambiantes. Pero, sobre todo, contiene afirmaciones que conforman la fortaleza intelectual del libro todo: partir es un tiempo fuera del tiempo, asegura el poeta, mientras confirma el trascurrir de la existencia, el permanente vivir que domina y puebla todo el libro de principio a fin. Las imágenes retenidas, la observación del movimiento (viaje de viajes, en definitiva) confirma la intención total de un poemario tan intenso, y tan bien construido como estas Sendas de invierno.
Invierno, noche, azar, paz en la guerra, Moncayo, días, viento y luz: todos son espejos de una vida que queda retenida en palabras y en encuentros. Ansiando siempre entender, comprender el mundo y situar en él al poeta comprometido con su existencia y su destino. Bien lo escribe en su prólogo Dionisa García cuando afirma que Sendas e invierno «es un libro escrito con lucidez porque el lector puede encontrar en sucesivas lecturas sugerencias y recrear el contenido de cada palabra y propuesta».
Y es muy cierto que Fulgencio Martínez se define una vez más como poeta que busca y recorre caminos, aunque algunos como se sugiere en un poema excelso conduzcan al olvido. Ligero va el poeta de soledad y de soledades transitando hacia su particular primavera, desde el invierno profundo, superando etapas de existencia hasta alcanzar las vías que conducen al destino final. Un libro este de Fulgencio Martínez repleto de intensidades reveladoras de inquietudes que permanecen en su palabra poética vitalista y sugeridora, siempre tan original y tan evidente, pleno de complejidades que definen como siempre su particular universo lírico, comprometido en retener en su palabra poética todo lo que se pierde en el dilatado viaje de la existencia.