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Reseña de Jesús Aparicio González: “Huellas de gorrión. Antología poética (2002-2017). Ars Poética. 2017. Prólogo de José Manuel Suárez.

Consigue, después de una sólida trayectoria, tener una voz personal, lo que le permite, por contraste, citar, homenajear, arrimarse a otros poetas, como Lorca (“En el centro del agua”), Machado (Resurrección), Manrique (El peine), San Juan de la Cruz (“Tú fuiste corza esquiva…”), Juan Ramón (“El final nos traerá una noche triste”), Salinas (en Luz y pájaro, trueca el “Todo más claro” por “Nada más claro”), el Neruda de las Odas elementales (Elegía a una manzana)[1]. El paisaje poético en el que se desarrollan sus poemas es un mundo clásico, antiguo, rural, en ciertos momentos bucólico (Una tarde única). Los temas, el paso del tiempo y la muerte, y, sobre todo, insiste en la reflexión sobre el poder de las palabras, tanto en la ciencia (Obsesionados con la medida y el número, “La vida al fin se explica / desde la magia” de Pañuelo y palabra) como en la misma creación poética. Sobre el papel nos habla de la dificultad de escribir, del sufrimiento que acarrea: “mi campo de batalla”, nos confirma su desconfianza hacia el lenguaje: “No es verdad que hablando se entienda la gente”. El silencio como punto de partida y de llegada. Los dos caminos, nada que ver con Robert Frost, la elección de la escritura como destino para los que no tienen otro destino.