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Simbolismo en el poemario Dondequiera que vague el día, de Ada Soriano

Hay momentos irrepetibles como los que se viven al transcurrir por las páginas de un libro que te saca fuera de la inmediatez. No se trata de camaradería con Ada, sino de escribir las cosas como las he sentido. Y es que el nuevo poemario de Ada Soriano escruta paisajes que algunos dábamos por insondables y que, sin embargo, ven la luz a través de unos versos que contienen múltiples resonancias vitalistas.

Ada Soriano me ha emocionado aportándome sensaciones inéditas, que estaban ahí, pero que parecían innombrables. Patti Smith declaraba que los libros son una razón para vivir. Y este poemario lo es. Una razón para vivir. Muchas razones para vivir. Publicado por Ars Poetica, estos poemas explicitan la sutilidad que indaga en esa frágil consistencia que une nuestra endeble vida con el universo, un estilo abonado de un simbólico repertorio, fácilmente reconocible, hermoso unas veces, otras veces, despiadado y de un realismo que conmociona: "Un lugar sin salida es mi refugio (...) Un sudor fálico irrumpe / en mi habitación y corta el silencio./ En las horas oscuras,/ cuando todos duermen,/ solo yo los veo,/ solo yo los sueño" (pág. 38).

Nos supera porque la autora se percata del crisol de misterios que asolan al ser humano, haciendo evidente nuestra nimia existencia, salvada por esa capacidad para contemplar y escribir sobre las tragedias y las dichas que conforman la épica de nuestras rutinas.